No había pegado el ojo en toda la noche, no podía dejar de pensar en la traición de Julián y el desprecio de mi padre. Me levanté del catre de hierro, sintiendo el frío del suelo de madera bajo mis pies descalzos, una sensación que me devolvía a la realidad tras una noche de pesadillas despierta.
Con dedos torpes y aún temblorosos, traté de acomodar los restos de mi vestido de novia. Vi una silla en la esquina de la habitación con ropa limpia y doblada, no necesitaba ser adivina para saber quié