Capítulo 18.
**Lucio***
La sacristía se había vuelto mi lugar de paz desde el momento en que el padre Tomás me rescató, luego de que aquella niña me liberara de quien había sido el verdugo de mis abuelos. Sin embargo, esa tarde, el silencio del templo se sentía extrañamente denso.
Había regresado del centro comercial sintiéndome extraño, como después de cada encuentro con esa mujer de cara de ángel.
Dejé la bolsa sobre el escritorio, justo al lado del crucifijo de bronce. Me froté las sienes, tratando de sa