El sol de la mañana se filtraba apenas por las cortinas de mi habitación. Apenas había conseguido dormir unas horas aquella noche. Mi mente era un torbellino en el que chocaban constantemente dos fuerzas desgarradoras: el enigma de aquel mensaje anónimo prometiendo la verdad sobre mi madre, y el recuerdo de Lucio.
Su mirada desesperada en la calle, la voz que se le quebraba intentando explicarme la trampa de Bianca, esa fragilidad inédita en él... todo se me clavaba en el pecho como una espina.