Capítulo 40.
##Lucio##
La puerta de la habitación se cerró con un chasquido ahogado, devolviendo al cuarto un silencio casi sepulcral. Me quedé inmóvil sobre la cama, con la mirada fija en el lugar por donde Atenea acababa de desaparecer.
Todavía sentía el calor de sus labios en mi mejilla, la presión tenue de su frente contra mi pecho, el roce helado pero eléctrico de sus labios sobre mi piel expuesta apenas unos minutos atrás, cuando creyó que dormía.
Cerré los ojos con fuerza, buscando refugio en la oscu