##Lucio##
Dentro de la cámara frigorífica el aire era una masa densa, un látigo helado que cortaba mis pulmones con cada inhalación. Mi pecho protestaba, y una capa de escarcha comenzaba a cristalizarse sobre las paredes metálicas, sellándonos en una tumba de acero. Sin embargo, lo que realmente me abrasaba el pecho no era el frío, sino la imprudencia descabellada de la mujer que tenía enfrente.
—¿Por qué tuviste que venir? —gritó Atenea, con la voz temblándole entre el chasquido incontrolable