Capítulo 39.
##Atenea##
Abrí los ojos y lo primero que escuché fue el pitido rítmico y constante de un monitor cardíaco. Parpadeé varias veces, sintiendo los párpados pesados, hasta que el techo blanco y la luz fluorescente de la habitación del hospital cobraron forma. La sensación de congelamiento aún parecía adherida a mis huesos.
A mi lado, sentada en un sillón individual, estaba Regina. Tenía los ojos rojos y una taza de café a medio tomar en la mano.
—¿Regina...? —mi voz salió como un rasguño, seca y á