65. Perder para ganar
El aire se congelaba de una manera imposible de describir. Ese objeto en mis manos tenía el peso suficiente para construirnos o salvarnos. ¿Lo perdonaría si en ese contrato él estaba aceptando casarse con otra mujer?
En ese momento, en la sala de mi casa, pareció que todo se difuminó. Desde la cocina salió Aurora con un vaso de helado y una cuchara. Me observó con detenimiento, mirando la carpeta en mis manos.
—¿Te lo trajo mi hermano? —sus ojos se oscurecieron ligeramente al no responder—. Im