114. Parque
El sonido de la risa de unos pequeños corriendo era suficiente para alegrar nuestras vidas. El viento veraniego acariciaba mi rostro. A pesar de que era el mismo parque, la sensación de una nueva experiencia nos invadía. Los pájaros volaban, el olor de la rica comida que habíamos traído rugía en nuestros estómagos. Todo parecía mágico.
Había pasado un año…
Un año que para muchos era nada, pero para nosotros lo era todo. Dante, ese hombre que era tan milimétrico como un reloj ruso, aprendió que d