36. Soy mil veces
Nunca pensé que escuchar su voz sería un recuerdo infernal del pasado que volvía a reclamar cuentas aunque no quisieras.
Ella representaba todo lo que odié, aborrecí y llegué a amar. Sus ojos brillaban como dos linternas esperando respuesta. Sin moverme, murmuré apenas:
—Louisa, entra a la casa.
Noté que dudaba, pero finalmente aceptó. Aún sujetando a nuestro hijo de la mano, entró a la casa siendo escoltada por James. Isabella se mantuvo siguiendo los movimientos de Louisa con Edward, como