19. Nuestro hijo
El aire comenzaba a escurrirse entre nuestras miradas. Él, con un aire imponente y posesivo, miró a Mattia, quien solo desvió la mirada con ligereza. Dante no necesitaba acercarse para provocar que todo su alrededor se congelara. Con una mueca teatral se acomodó en su silla mirando de manera gélida a Mattia, pronunciando con una voz cortante:
—Vattene immediatamente, prima che licenzi anche tuo zio (Vete ahora mismo antes de que despida también a tu tío).
Mattia solo asintió. Dejó las bolsas qu