20. Mi mujer
El aire en la oficina se sentía pecaminoso, sensual y, sobre todo, posesivo. Abría inconscientemente la boca con lentitud, sintiendo un leve cosquilleo en mi estómago cuando sus ojos bajaban con detenimiento desde mis ojos, a mis labios, pasando por mi cintura, donde se mantuvo ahí por unos momentos y, tras esto, subió su mirada a mis ojos. Puro fuego, listo para devorarme.
—Louisa, por favor, entra —su voz sonó atrayente—. Siéntate en esta silla.
Daba varios pasos a su territorio, cerrando la p