16. Quiero que despidan a…
El aire se había vuelto tan denso que parecía líquido e irrespirable, la misma sensación de haber sido lanzados al fondo del océano. Mi cuerpo sentía una tensión que hacía casi imposible moverme, los sonidos se tornaban ahogados, mi respiración era entrecortada.
Nos giramos por completo, quedando frente a Dante. Su mirada era penetrante, imponente, sumamente controladora. Parecía que habíamos entrado en sus dominios, tocado algo prohibido, y eso ameritaba un precio. Sus ojos, usualmente claros,