15. Suéltala
Caminaba hacia mi madre. Tenía un aire pálido, plausible, de esos que parecían detenerse en el tiempo. Me sonrió con amargura, sin que supiera si era por el cansancio de las cirugías o simplemente por algo mental. Me senté a su lado, tomando su mano, la cual temblaba; estaba más débil de lo normal. Mi madre miraba con detenimiento el lugar, luego me observaba a mí.
—¿Qué es todo esto, pequeña? —acarició mi mano—. Lou… sácame de aquí, no podemos costearnos estar en una habitación de hospital.
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