El sonido del océano Atlántico rompiendo contra las rocas de los Hamptons se filtraba a través de las inmensas cristaleras de la suite principal como un recordatorio de que la naturaleza, al igual que los mercados financieros, es incapaz de mantener la calma por mucho tiempo.
La cena de gala con los inversores mayoritarios de la firma había terminado hacía menos de una hora. Había sido un éxito rotundo los informes de auditoría que defendí sola en el Banco Central habían blindado las acciones,