La alfombra roja del Plaza Hotel era una carnicería de flashes y gritos. En cuanto bajamos de la limusina, el mundo pareció estallar en una luz blanca y cegadora. El frío de la noche neoyorquina me golpeó las facciones de inmediato, pero antes de que pudiera procesarlo, la mano de Carter se deslizó firmemente por mi cintura. Sus dedos largos se clavaron en mi costado con una posesividad que me dejó sin aliento, obligándome a pegarme por completo a su cuerpo.—Sonríe, Evans —me susurró al oído, su aliento cálido rozando mi piel expuesta mientras avanzábamos entre la multitud de reporteros—. Camina despacio. Que vean que no tienes prisa por esconderte.—Me está apretando demasiado, Sterling —siseé entre dientes, manteniendo una sonrisa impecable y gélida fija hacia las cámaras—. Esto no es mitigar riesgos; esto es un secuestro coreografiado.—Es una demostración de poder —replicó él en el mismo tono bajo, sin dejar de mirar al frente y saludando con una inclinación de cabeza aristocr
Leer más