El gran salón de conferencias de la Bolsa de Nueva York bullía con el zumbido ensordecedor de un hormiguero humano de alta dirección.
Más de un centenar de periodistas de medios financieros internacionales, cámaras de televisión con sus focos de alta presión y críticos de la prensa de moda de Manhattan abarrotaban las gradas detrás del cordón de seguridad. Las pantallas gigantes de fondo mostraban la gráfica de cotización de Sterling Fashion Group, que parpadeaba en un verde intermitente a la