El zumbido del despertador digital en la suite principal del ático marcó el inicio de la prueba de fuego definitiva.
El sol de la mañana se filtraba de manera nítida a través de los inmensos ventanales de piedra caliza, pero el ambiente en la habitación compartida se sentía cargado de una tensión estrictamente profesional.
Las sábanas de lino blanco todavía conservaban el calor de la noche de pasión anterior, pero mi mente de analista contable de Wall Street ya se había blindado de nuevo con