ÉLISE
El aire es denso, cargado de su olor: madera oscura, cuero. Calor masculino. Cada respiración me recuerda que está en todas partes: sobre mi piel, en mi cabello, hasta en mi aliento. Me ha marcado, como si su cuerpo hubiera dejado una huella invisible, ardiente.
Sigo acostada en la cama deshecha, desnuda, la piel húmeda, los músculos temblando. No me he movido. Pero él... él ya está de pie. Marcus se ha enderezado con la misma facilidad depredadora que una bestia. Frente al espejo, se vis