ÉLISE
No recuerdo el camino que lleva a la habitación.
Solo recuerdo sus manos.
De ese agarre firme, imperioso, que me atrae hacia él como si ya le perteneciera. Sus dedos se enroscan alrededor de mi muñeca, me guían por el pasillo débilmente iluminado. Cada paso resuena en mi pecho al ritmo desbocado de mi corazón.
Él no dice nada. Avanza, seguro de sí mismo, cada gesto calculado, como si siempre hubiera sabido que llegaríamos a esto.
La puerta se cierra tras nosotros con un golpe seco. La hab