Aimée
Creía que el poder me protegía.
Que bastaba con controlar para no desmoronarme.
Que sujetándolo de las riendas podría contener el vértigo.
Pero lo que sentí aquella noche… ya no era una caída.
Era una apertura. Una muda. Un estallido.
Un desgarro dulce donde dejé fluir todo lo que creía haber encerrado para siempre.
Justin dormía, su respiración profunda, su mano aún apoyada en mi cadera como una promesa sin cadenas.
Un gesto simple, pero más conmovedor que todas sus tomas de poder pasada