ÉLISE
El perfume de la habitación aún está pegado a mi piel, a pesar del agua fresca que he pasado por mi rostro y mi cuello. He intentado borrar las huellas de sus manos, disciplinar mi cabello, devolver a mi maquillaje la ilusión de una velada que transcurre con normalidad. Pero nada puede enmascarar lo que él ha grabado en mí: una huella invisible, ardiente, que palpita bajo mi piel.
Cuando abro la puerta, él ya está listo. Traje de tres piezas negro, camisa inmaculada, corbata ajustada. Es