Ya habían pasado tres semanas desde el cambio de casa. Cada vez me sentía más sola, confundida y sin ganas de hacer cosas.
Trataba de fingir en mi día a día lo máximo posible, pero había veces que no podía disimular el asco que me daba tener sexo con un hombre al que no quería.
Revisé nuevamente cada rincón para intentar recordar más cosas, pero no había nada.
Andrés venía llegando, así que me acerqué a él para saludarlo y conversar sobre algún permiso para siquiera poder ir a comprarme ropa, y