No sé cuánto tiempo habré estado dormida, pero desperté con la habitación oscura y con un dolor de cabeza horrible. No era por el golpe que me había dado, si no por lo que había tomado, seguramente.
Me senté y escuché a Andrés hablar por teléfono. Sin emitir ningún ruido me acerqué.
—Está bien, lo quiero mañana a primera hora aquí. Quien entra no sale. Espero que estés claro con eso. Tú y yo la conocemos bien. Si recuerda, no descansará hasta salir de acá.
Fue muy duro oír esas palabras. Sobre