Sentía cómo mi sexo gritaba para que despertara y mis pezones reclamaban por atención. Me sentía mojada, completamente excitada. Poco a poco y con un gemido fui
despertando.
—¡Ah...! —Ahogué un gemido en una de mis almohadas. La espalda se me encorvaba y rápidamente abrí los ojos para
saber qué me pasaba.
—¿Em, estás bien? —preguntó mi sexi rubio al escucharme
gemir.
—Estaba soñando.
Se acercó con la toalla en la cintura y su cuerpo mojado.
Venía saliendo de la ducha y se veía tan sexi que lo ú