Pedí un taxi y me fui a un hotel con mi pequeña Alice. Gracias a la tecnología pude comprar todo lo necesario para estar bien y pasar la noche con ella.
A diferencia de las últimas veces que había arrancado, en ese
momento sí podía costearme un lugar para dormir y pensar bien las cosas antes de regresar.
Mi teléfono, con llamadas entrantes de Nicholas y Renato no paraba de sonar. Nuevamente, había sido impulsiva al llegar e irme, pero hablamos de un asesinato.
Mi pequeña rubia se había quedado