Tomé el arma que Maritza me había entregado. No sabía disparar, así que tendría que haber tenido mucha suerte para apuntarle desde el lugar en el que estaba.
Caminé cuidadosamente hacia él, hasta llegar por detrás de su espalda. Nicholas a lo lejos ya me había visto, pero disimuló muy bien. Me posicioné justo detrás de él y le apunté por el lado derecho de su cabeza.
—Suelta tu arma ahora —dije—. Si disparas, te mato.
—No serías capaz.
—Una vez me dijiste lo mismo, y lo hice. Ahora mi arma sí t