Me levanté con mi bebé en brazos y me quedé mirando por la ventana. Había mucho movimiento, pero nada fuera de lo común.
Fui en busca de ropa deportiva para vestirme, corrí de regreso al dormitorio de la pequeña, me preocupé de vestirla, llenar un bolso de emergencia y tomé el celular que Nicholas me había entregado.
La puerta de la habitación de la pequeña Alice se abrió de golpe y frente a mí estaba Ryan.
—¿Qué haces aquí? —pregunté, mientras lo veía acercarse rápidamente.
—Pago mi libertad.