Bruno hizo que mis días fuesen mucho más entretenidos. Alice lo adoraba y lógicamente yo tenía que estar muy agradecida de él por estar encerrado en este lugar por mí.
Llevábamos cuatro días desde su llegada, y no habíamos vuelto a tocar el tema, ya que era muy peligroso. Las paredes tenían ojos, nariz y boca. Sobre todo, porque Andrés no estaba.
Necesitaba el momento para hablar y que me contara lo que estaba ocurriendo afuera. ¿Cómo llegó a ese lugar? Eso para mí significaba una cosa: no todo