—Bueno, pasaste la prueba. Igual sabía que la superarías. Has cambiado mucho en los últimos tres meses —añadió, volviendo a carraspear—. Eres autosuficiente; incluso eres capaz de mentirme en la cara sin pestañear.
Mi corazón se detuvo por un instante. En el fondo de mi mente recordé la primera conversación con Néstor, cuando me habló del verdadero Damian: despiadado, frío, calculador. No del Damian con el que compartía la cama.
Ese era el Damian que ahora me observaba.
Ojos helados.
Sin una pi