—¡Cállate y deja de decir estupideces! —gritó Fiona, enfurecida—. No necesitamos tu ayuda ni la de Mandel. ¡Toma tu ofrecimiento y métetelo por el hocico!
El público entero contuvo el aliento. Su elección de palabras era grotesca, vulgar… y completamente inapropiada.
Valeria comenzó a aplaudir lentamente.
—¡Guau! Inversores, esa mentalidad no les ayudará en lo absoluto. Julian, controla a tu esposa —dijo, alzando la voz.
Yo sólo pude mirar al suelo, consumido por la vergüenza.
—En c