¿Me estaba castigando por todo lo que la hice pasar?
La idea me atravesó mientras entraba al camino de entrada de una casa llena de sueños rotos.
Apenas crucé la puerta, ella corrió hacia mí y me abrazó con el rostro lleno de preocupación.
—¡Dios mío, Julian! ¿Dónde has estado? —preguntó.
—Canadá —respondí, apartándola con frialdad.
—¿Qué? ¿Por qué no me lo dijiste? Acabo de presentar un reporte de persona desaparecida…
La miré directamente a los ojos.
—Fui a revivir nuestra luna de miel