—¿Qué se suponía que debía hacer con un jugador alcohólico y abusivo que siempre huía ante cualquier problema? —continuó—. ¡Un cobarde que ni siquiera fue capaz de proteger a su esposa de la manipulación de su estúpido padre!
—Fiona, necesito la respuesta a mi pregunta —dije con voz tensa.
—¡Estúpido imbécil! —escupió—. ¡Tu padre es el padre del bastardo que estoy cargando! ¡Estoy embarazada de tu maldito hermano!
Lo gritó con veneno, sin el menor rastro de culpa.
Me quedé completamen