—¿Cuál es el nombre de la máquina? —preguntó uno de los asistentes del doctor Wilson.
Miré fijamente en dirección a Damian. Nunca se me había ocurrido ponerle un nombre. Siempre me preocupé más por asegurarme de que funcionara que por bautizarla.
—FRASER200i —respondí con una sonrisa.
El nombre surgió de la nada, pero estaba segura de que le encantaría que llevara su apellido.
—FRASER202i —me corrigió—. El año en que nos conocimos —añadió, devolviéndome la sonrisa.
Seguía lleno de sí mism