Ahora se sentía sofocante. El sitio, se transformó en un laberinto de secretos. Ana dio un paso atrás, su cuerpo tenso, mientras Marina se alejaba con un movimiento grácil, dejando tras de sí un rastro de perfume y dudas. Alberto, ajeno a la tormenta que se desataba en el corazón de Ana.
Pero para Ana, todo había cambiado. La chispa de confianza que había sentido en el auto, el eco del beso que aún quemaba en sus labios, ahora estaba empañado por la sombra de las palabras de Marina. ¿Quién era r