El aire se volvió espeso, irrespirable. El lugar que momentos antes vibraba con rugidos de motores y risas roncas se transformó de pronto en un laberinto de sombras y secretos. Ana dio un paso atrás, el cuerpo rígido, mientras Marina se alejaba con esa gracia felina que parecía ensayada para herir. Un rastro de perfume caro quedó flotando en el aire, mezclado con el olor a gasolina y duda.
Y todo cambió.
La chispa de confianza que había nacido en el auto, el eco ardiente del beso que aún le quem