Capítulo 9
Un estruendo brutal rasgó la noche. La puerta de la camioneta se abrió de golpe y una figura irrumpió como un vendaval de furia contenida. Era Alberto. La chaqueta de cuero colgaba desabrochada, el rostro endurecido por una rabia que ardía bajo su piel. Sin mediar palabra, agarró al hombre del bigote por el cuello de la camisa y lo arrancó del asiento con una fuerza que hizo crujir el metal. El agresor chocó contra el pavimento con un gruñido animal. Antes de que pudiera levantarse, Alberto ya e