Me desplomé encima de su pecho, jadeante y sin palabras para expresar todo lo que acababa de sentir. Mis piernas seguían estremeciéndose y en mi interior su cálida semilla seguía fluyendo. Era el primer orgasmo que experimentaba, se sentía como pararte sobre el borde del cielo y tirarte al vacío.
Cuando alcé la mirada para ver la cara del hombre que acababa de darme el mejor placer de mi vida, lo descubrí con los párpados cerrados, ya durmiendo. En lugar de enfadarme, contuve una sonrisa. Acaba