Por los próximos días, permanecí sola en ese piso bajo suelo. Claro que el personal seguía acudiendo para mis comidas y cuidados, pero en cuando terminaban, la puerta se cerraba con llave y no volvía a abrirse hasta que Jonathan me visitaba. Por él supe que había extendido a sus hombres por todo el país, empezando por Nueva York, en busca de mi hermano.
Aunque aún no daban con él y eso frustraba a Jonathan. Le hacía desesperarse más a cada día y la angustia por su hermana lo tenía de un humor