—Repitemelo, Sue —pidió con la mirada brillante y la mandibula rigida por el placer que yo le hacía experimentar.
Me agaché, para rozar su nariz con la mía, luego le sonreí. Llevaba meses aferrandome a la esperanza de lograr superar y olvidar a ese hombre, ¿pero cómo lo haría con una hija que era identida a él? Y aún peor, ¿cómo lo lograría sí no podía estar sin él, sin tocarlo y sentirlo en mi interior?
Negar ese amor, era un caso perdido, un desproposito al que no tenía ningún sentido aferrar