Luna
El vestido negro se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel. Luna había elegido cuidadosamente cada detalle de su atuendo: los tacones de aguja que la elevaban diez centímetros sobre el suelo, el maquillaje impecable que resaltaba sus ojos, y el collar de perlas que había pertenecido a su madre. No era casualidad. Hoy no era la esposa de Leonardo Santoro. Hoy era Luna Vega, heredera por derecho propio.
El salón principal de la mansión Villanova resplandecía con luces doradas. Los hombre