Leonardo
La mansión se había convertido en un mausoleo de recuerdos. Leonardo deambulaba por los pasillos como un fantasma, habitando espacios que ya no sentía suyos. Cada rincón le recordaba a Luna: el sofá donde habían compartido copas de vino, la cocina donde la había visto reír, el jardín donde sus ojos brillaban bajo el sol. Ahora todo estaba teñido de ausencia.
Llevaba tres días sin dormir adecuadamente. Su rostro, normalmente impecable, mostraba una barba descuidada y ojeras profundas. E