Luna
La luz del atardecer se filtraba por los ventanales de la mansión, tiñendo todo de un dorado melancólico que me recordaba a los días de mi infancia. Caminaba por el pasillo que llevaba al despacho de Leonardo, con pasos silenciosos, casi furtivos. No debería estar ahí. Él había salido a una reunión de emergencia y me había pedido explícitamente que no entrara a su despacho privado.
Pero algo me empujaba. Una corazonada, quizás. O tal vez solo mi obstinada necesidad de entender al hombre co