Leo
El lienzo frente a mí era un campo de batalla. Cada pincelada, una herida abierta; cada sombra, un secreto. Llevaba horas encerrado en el estudio que Leonardo había acondicionado para mí en la mansión, aunque nunca se lo pedí. Un espacio amplio con ventanales que daban al jardín trasero, equipado con materiales que costarían más que todo lo que había poseído en mi vida.
Mojé el pincel en carmesí intenso y lo arrastré con furia sobre el lienzo. No estaba pintando a Luna. Estaba pintando su d