Gabriela aterrizó en el mirador desde donde podía ver gran parte de la ciudad, el ruido de los gritos y llamadas llegaban hasta ella. Siempre era un alboroto cuando se trataba de evacuaciones. Muchos se negaban a dejar su hogar diciendo que nunca la batalla llegaba a sus casas.
Ella sonrió con diversión, los ciudadanos del Reino tenían una fe muy profunda en la familia real. Uno creería que con tantos ataques y con unos cuantos demonios andando por ahí, con el poder para desbastar todo y asesin