Tras el reencuentro con Eugenia y el impacto de lo que había pasado en Santa Oria, la tensión dentro de la cabaña comenzó a disiparse, apenas un poco. Sasha sirvió té caliente para todos. Las niñas, Lara y Emilia, se sentaron cerca de su madre, observando con ojos grandes y silenciosos a los recién llegados: Benja, Elizabeth y Karen. Afuera, el viento helado susurraba entre las ramas, pero adentro, el fuego de la chimenea ofrecía un respiro breve a tanto horror.
Sentados en círculo, comenzaron