La noche había sido silenciosa hasta entonces. El fuego en la chimenea chispeaba con suavidad, y por un momento, la calma pareció real. Pero todo cambió en segundos.
Primero fueron los pasos. Lentos. Arrastrados. Como si algo pesado caminara por el exterior, sin rumbo fijo, pero cada vez más cerca. Luego llegó la niebla. Espesa. Densa. Como si fuera un ser vivo que se deslizaba por las rendijas, cubriendo el mundo en blanco sucio y frío.
Un grito desgarrador partió la madrugada en dos.
No era h