VIAJANDO HACIA LA PRADERA
El camino se estrechaba cada vez más, encajonado entre ramas secas y una niebla baja que parecía tragarse el paisaje. El vehículo de Diego avanzaba con dificultad, las ruedas crujiendo sobre la grava y la tierra húmeda. Nadie pronunciaba palabra alguna. La tensión flotaba en el aire, pesada y opresiva, como si una presencia invisible los acechara desde la penumbra del bosque.
Sasha apretaba la mano de Lara con fuerza; la niña miraba por la ventanilla con una mezcla de