45. EMBARAZADA DE TRILLIZOS
Siento un peso en el pecho mientras miro de nuevo a Isis, quieta, inocente, ajena a la magnitud de lo que digo.
—Tendremos que tener paciencia —digo, acariciando a mi hija—. ¿Ya sabe que está embarazada?
—Su loba Ast lo sabe, pero Isis no —responde Dakarai, preocupado por nuestra hija.
—Entonces, debemos prepararnos —digo finalmente, con una determinación que brota desde lo más profundo de mi ser—. Yo se lo diré cuando despierte. Es algo que tenemos a nuestro favor para que deje de esta