44. LA PREOCUPACIÓN DE PADRES
Me siento en la cama y miro a mi esposo, quien duerme en un sillón. A mi lado, Isis descansa pacíficamente. Me levanto y me acerco a mi esposo, lo abrazo y lo beso suavemente antes de sentarme en sus rodillas.
—Hola, amor —lo saludo con un beso.
—¡Amanda, amor! —exclama Dakarai, despertando de inmediato—. ¿Estás bien? ¿Cómo te sientes?
—Muy bien, cariño —contesto al instante—. ¿Qué fue lo que hiciste esta vez para salvarme?
—Yo no hice nada —dice él enseguida.
—Amor, que te conozc