40. CONTINUACIÓN

Cerré los ojos y volví a concentrarme en esos tres pequeños latidos. Quizás no entendía aún la magnitud de lo que estaba pasando, pero en mi corazón sabía que haría todo lo necesario para protegerlos. Luego, miré la puerta abrirse y dejar entrar a mis suegros.

— ¡Hija querida, qué susto nos has dado! ¿Te encuentras bien? ¡Te irás conmigo para mi casa, yo cuidaré de ti! &mda
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