CAPÍTULO 8. TENEMOS QUE HUIR
La joven se llevó las manos a su cabellera, de inmediato una fuerte punzada le llegó a la cabeza, al ver como se alejaba con Ivy en brazos.
— ¡No puede quitármela! —gritó y en ese instante lo alcanzó—, ella es mi hija. —De inmediato se interpuso para negarle el paso—. Tendrás que acabar conmigo, antes de que la apartes de mi lado —expusó con los dientes apretados.
William bufó.
—No te parece suficiente el daño que nos has ocasionado, me has privado de conocerla, de verla crecer —señaló ofuscado